Cuatro aspectos a considerar antes de cambiar tus pisos


La remodelación del hogar es una empresa que debe asumirse con prudencia y mucha, mucha planeación. Hasta un proyecto aparentemente sencillo, como cambiar el color de una pared, puede provocar un alud de nuevos trabajos, porque al terminar apreciamos que las cortinas o el tapiz de los muebles ya no combinan y hay que cambiarlos, o que la nueva tonalidad reduce la iluminación y entonces hay que cambiar las lámparas.

Por fortuna, hoy contamos con aplicaciones y software que nos permite ver cómo luciría nuestra sala con tal o cual color, o qué tal se vería un determinado material en nuestra cocina. No obstante, hay proyectos de remodelación más complejos, para los que además de la visualización se requieren otras consideraciones.

Entre dichos proyectos se encuentra la instalación o el cambio de pisos. En esta empresa se conjuntan varios factores de complejidad. Primero que nada, es un trabajo relativamente largo, que puede afectar por un buen tiempo las actividades que se llevan a cabo en casa o por lo menos en la habitación donde se hará el cambio. En segundo lugar, es un trabajo costoso; es cierto que hay notables diferencias de precio entre los pisos de granito y los pisos laminados que simulan madera, pero en cualquier caso, es una buena inversión.

De los dos puntos anteriores, se sigue que el cambio o la colocación de pisos es un proyecto del que esperamos durabilidad y resistencia. No es algo que busquemos cambiar al cabo de un par de años, sino que esperamos tenerlo en casa por el mayor tiempo posible.

Por eso, si tienes el proyecto de colocar pisos nuevos en casa, te invitamos a considerar estos cuatro aspectos antes de comenzar e invertir tu dinero.

  1. ¿Cuánto cuesta?

Como ya mencionaba, los costos varían según el material que se elija, pero en general, debes prepararte con unos buenos ahorros. Las piedras naturales, como el mármol o el granito, son los materiales más caros, aunque también tienen la ventaja de ser los más durables y resistentes, siempre y cuando se les den los cuidados requeridos. La madera natural también tiene un costo elevado, aunque para tener un estilo semejante, a menor costo, puedes decantarte por los laminados. Las alfombras y los porcelanatos están entre las opciones más económicas.

Al costo de los materiales para pisos debes sumar el de la instalación, así como el de los materiales y accesorios requeridos para la misma.

  1. ¿Qué tan sencilla (o complicada) es su instalación?

Las piedras y mosaicos pueden ser difíciles de instalar, ya que se requiere de cuidado y precisión para colocar el cemento. La madera también debe colocarse con atención a los detalles. Las alfombras son, quizá, las más fáciles de instalar. En cualquier caso, el trabajo debe quedar en manos de un profesional, para garantizar su calidad.

  1. Comodidad y funcionalidad

Cada uno de los distintos materiales para pisos que hasta este punto hemos mencionado, es más adecuado para ciertos usos. Los pisos de granito, mármol y otras piedras son altamente versátiles. Pueden colocarse en cocinas, salas y baños, así como en pasillos y corredores; incluso funcionan en patios y terrazas. Lo que debe tenerse en cuenta es que se rayan y manchan con facilidad, si no se implementa la protección debida.

Los pisos de madera son ideales para generar una atmósfera cálida y también resultan muy cómodos para caminar. Lo que debe vigilarse es que se mantengan libres de humedad. Las alfombras son preferidas por muchas personas, porque resultan muy cómodas y acogedoras; no obstante, deben aspirarse con regularidad y someterse a un lavado profesional por lo menos dos veces al año, ya que acumulan polvo y alérgenos.

  1. Cuidados

¿De cuánto tiempo y presupuesto dispones para cuidar tus pisos? Esto también debe tenerse en cuenta, porque de poco te servirá cuidar tu inversión al momento de elegir los materiales, si después dejas que se deterioren por la falta de atención.

Hablemos de donas


Mi esposo es un verdadero amante de las donas y de todo aquel delicioso bocadillo que está en contra de tener una figura de ensueño.

Solo que mi esposo no tiene ningún tipo de problemas con el peso, es decir, puede comer lo que desee y mantiene su peso sin problemas.

Si bien hace ejercicio y come a sus horas, tanto las cantidades como el tipo de alimento no son problema para él.

En el caso de los panecillos, pasteles, galletas y en especial las donas son sus preferidos. Ante una barra de donas, no entra en dilemas, come las que le agradan y punto.

Ya sean desde las donas más clásicas, como la espolvoreada con azúcar, pasando por aquellas con azúcar glass, chocolate y chispas hasta llegar a las gourmet como las de limón, manzana y otras.

En lo personal, no le puedo seguir el ritmo a mi marido, ya que si las donas estuviesen cargadas de vitaminas y minerales, antioxidantes, omega-3, fibra y proteína, seguramente serían el mejor de los alimentos que estarían en la sección de “no engordan”.

Esto es algo que argumenta mi esposo, en donde lamentablemente aquello que perjudica la salud sabe extraordinariamente rico, como es el caso de las donas.

De hecho, los ingredientes con los que se hacen tradicionalmente las donas no ayudan a mantener una figura esbelta.

Al contener harina demasiado procesada, dulce y al ser fritas, es fácil ver por qué las donas no se encuentran entre las recomendaciones del médico en cuanto a alimentación se refiere.

Esto sin mencionar todas las otras cosas que se pueden rociar, rellenar o espolvorear sobre estas delicias en forma de anillos.

Vaya, todo lo dicho hasta aquí frenaría a cualquiera a saborear una dona, ¿cierto?

Sin embargo, una pequeña dona de vez en cuando, que podamos acompañar con leche o un café, no es para nada perjudicial, pero en grandes proporciones, no es lo más saludable.

¡Ojo! La idea es comer una de vez en cuando y no seis al mismo tiempo, esto hace la gran diferencia en degustar un sabor y atragantarse de él.

Por otro lado, existen de donas a donas… esa es otra realidad. Actualmente existen varias opciones en donde podrás encontrar y comer la mejor dona de tu vida.

De hecho y aun cuando mi esposo bien puede comer las cantidades que quiera, él mismo es partidario de comer de vez en cuando una dona, que si bien no es lo más sano para el cuerpo, sí lo será para tu alma.

Salud y bienestar consisten en mantener el equilibrio y la moderación, este el gran secreto. Por lo que el saberlo manejar sabiamente nos mantiene saludables y con el espíritu contento.

Así que si eres amante de las donas y sabes mantener el equilibrio y la moderación, sabrás que después de comer una dona tu alma se sentirá mucho mejor, te sentirás renovado y no tendrás ningún sentido de culpa o remordimiento.

Lo malo es cuando pasamos del balance al exceso, cuando dos donas se convierten en una docena. Aquí la mayoría de los beneficios que tu alma recibe se pierden ante la glotonería.

Como notarás, lo malo no son las donas ni con lo que están hechas, aquí entra en juego tu buen juicio y el amor que te tengas. Así que si comes una dona, no te preocupes, ya que será bueno para ti.