Hablemos de donas


Mi esposo es un verdadero amante de las donas y de todo aquel delicioso bocadillo que está en contra de tener una figura de ensueño.

Solo que mi esposo no tiene ningún tipo de problemas con el peso, es decir, puede comer lo que desee y mantiene su peso sin problemas.

Si bien hace ejercicio y come a sus horas, tanto las cantidades como el tipo de alimento no son problema para él.

En el caso de los panecillos, pasteles, galletas y en especial las donas son sus preferidos. Ante una barra de donas, no entra en dilemas, come las que le agradan y punto.

Ya sean desde las donas más clásicas, como la espolvoreada con azúcar, pasando por aquellas con azúcar glass, chocolate y chispas hasta llegar a las gourmet como las de limón, manzana y otras.

En lo personal, no le puedo seguir el ritmo a mi marido, ya que si las donas estuviesen cargadas de vitaminas y minerales, antioxidantes, omega-3, fibra y proteína, seguramente serían el mejor de los alimentos que estarían en la sección de “no engordan”.

Esto es algo que argumenta mi esposo, en donde lamentablemente aquello que perjudica la salud sabe extraordinariamente rico, como es el caso de las donas.

De hecho, los ingredientes con los que se hacen tradicionalmente las donas no ayudan a mantener una figura esbelta.

Al contener harina demasiado procesada, dulce y al ser fritas, es fácil ver por qué las donas no se encuentran entre las recomendaciones del médico en cuanto a alimentación se refiere.

Esto sin mencionar todas las otras cosas que se pueden rociar, rellenar o espolvorear sobre estas delicias en forma de anillos.

Vaya, todo lo dicho hasta aquí frenaría a cualquiera a saborear una dona, ¿cierto?

Sin embargo, una pequeña dona de vez en cuando, que podamos acompañar con leche o un café, no es para nada perjudicial, pero en grandes proporciones, no es lo más saludable.

¡Ojo! La idea es comer una de vez en cuando y no seis al mismo tiempo, esto hace la gran diferencia en degustar un sabor y atragantarse de él.

Por otro lado, existen de donas a donas… esa es otra realidad. Actualmente existen varias opciones en donde podrás encontrar y comer la mejor dona de tu vida.

De hecho y aun cuando mi esposo bien puede comer las cantidades que quiera, él mismo es partidario de comer de vez en cuando una dona, que si bien no es lo más sano para el cuerpo, sí lo será para tu alma.

Salud y bienestar consisten en mantener el equilibrio y la moderación, este el gran secreto. Por lo que el saberlo manejar sabiamente nos mantiene saludables y con el espíritu contento.

Así que si eres amante de las donas y sabes mantener el equilibrio y la moderación, sabrás que después de comer una dona tu alma se sentirá mucho mejor, te sentirás renovado y no tendrás ningún sentido de culpa o remordimiento.

Lo malo es cuando pasamos del balance al exceso, cuando dos donas se convierten en una docena. Aquí la mayoría de los beneficios que tu alma recibe se pierden ante la glotonería.

Como notarás, lo malo no son las donas ni con lo que están hechas, aquí entra en juego tu buen juicio y el amor que te tengas. Así que si comes una dona, no te preocupes, ya que será bueno para ti.